Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


CUATRO AÑOS DE LA PRIMERA CAPILLA DE ADORACIÓN PERPETUA EN LA DIÓCESIS DE GETAFE.

Fue la de la ciudad de Getafe, a la que siguieron luego las de Valdemoro y de Móstoles. Este cuarto aniversario fue recordado con una Misa en acción de gracias, presidida por el Sr. Obispo de Getafe Mons. D. Joaquín María López de Andújar y Cánovas del Castillo. A continuación su homilía:

Hoy, queridos hermanos, la celebración de la Eucaristía siempre es celebración de acción de gracias. En la Eucaristía damos gracias a Dios, nuestro Padre, por el don de la donación, don de su Hijo Jesucristo que, con su muerte y resurrección, nos ha librado del pecado y nos ha dado la vida eterna. Y esa gran acción de gracias que le damos al Padre, unidos por el Espíritu Santo, hoy queremos unir también una acción de gracias especial por estos cuatro años de la Adoración Perpetua en Getafe, la primera Capilla de la Adoración Perpetua que se abrió en la Diócesis. Durante cuatro años permanentemente el Señor está expuesto y es venerado y adorado permanentemente, perpetuamente, por un grupo numeroso de adoradores, a los que yo doy las gracias también en este momento por vuestra oración, por vuestra perseverancia. Esa oración ante el Señor llega al Cielo y nos ayuda a todos en nuestras tareas ordinarias, sentimos esa Presencia del Señor en nuestra vida, la oración de intercesión siempre es escuchada por Dios. Y al mismo tiempo que le damos gracias por estos años, miramos el futuro, lo miramos con esperanza, y también le pedimos al Señor en este momento que despierte el corazón de nuevos adoradores, que siga creciendo el número de adoradores, que perseveren los que ya están y que nuevos adoradores se incorporen a este grupo de oración, de intercesión, de estar con el Señor, vivir en su Presencia.

Seguro que recordarán ustedes el pasaje evangélico de la resurrección de Lázaro: le han comunicado a Jesús que Lázaro está enfermo; Jesús, sin embargo, espera unos días y finalmente camina hacia Betania. Le sale al encuentro Marta para anunciar a Jesús que Lázaro ya ha muerto. Jesús le dice, "tu hermano vivirá", y ella le contesta, "sí, sé que vivirá en la resurrección del último día". Y Jesús le dice, "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá. ¿Tú crees esto" ―le dice a Marta―. Y Marta dice "Señor, yo creo que tú eres la resurrección y la vida". Y después el Evangelio cuenta que Marta va corriendo hacia Betania, allí está María, con los vecinos, los parientes que han venido a darle el pésame, y Marta discretamente se acerca a María y, al oído, le dice "el Señor está aquí y te llama". Y María, inmediatamente, se levanta y acude junto a Jesús.

Esas palabras de Marta al oído de María, en ese ambiente fúnebre, de tristeza, son palabras que despiertan en María una gran esperanza, despiertan en ella una confianza grande en Jesús, por eso corre hacia Jesús. Esas palabras las tenemos que escuchar también nosotros en nuestro corazón siempre que pasemos por delante de la Capilla de la Adoración Perpetua, en la calle Hospital de San José. Tenemos que sentir también esa llamada interior: "el Señor está aquí y te llama", quiere estar contigo, quiere hablar contigo, quiere devolverte la esperanza, quiere consolarte en tus tristezas, quiere que pongas ante su Presencia también el dolor, el sufrimiento de muchos hermanos nuestros.

"El Señor está aquí y te llama". Esa palabra de Jesús sigue muy dentro, en su corazón. Que no sea solo una visita ocasional, que sea una visita permanente, un compromiso. Eso siempre supone un sacrificio, supone, en cierta manera, una renuncia a esa libertad de poder organizar mi tiempo a mí mismo; es un tiempo que dedico al Señor, pero es un tiempo que da mucho fruto, que es reservar al Señor un tiempo sagrado para estar con Él porque Él te llama.

Hoy las Lecturas, como habéis visto, están tomadas, la primera, del profeta Isaías. Es, precisamente, la misma Lectura que hacemos el día de Noche Buena, en la Misa del Gallo: el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; habitaban tierras de sombras, pero una Luz les brilló. Es un anuncio profético de la venida del Mesías. También el Profeta describe lo que está sucediendo en el mundo: cuando el mundo vive apartado de Dios es un mundo en tinieblas, es un mundo en oscuridad. La oscuridad infunde temor, la oscuridad no nos deja ver y en la oscuridad nos tenemos miedo unos a otros y cualquier sombra aparece ante nosotros como una amenaza, y en las tinieblas no podemos gozar de la vida, no podemos disfrutar. Eso es lo que sucede cuando el mundo está bajo la sombra del pecado, del egoísmo, de la avaricia, de la soberbia, de la lujuria. Entonces, las personas no pueden reconocerse unas a las otras como hermanos, y uno se refugia en sí mismo en el egoísmo y en el egocentrismo. Pero en medio de esas tinieblas ―dice el Profeta― una Luz nos ha brillado, es la Luz de Cristo. Por eso la Iglesia reserva este texto para la noche de la Noche Buena cuando, en medio de la noche, conmemoramos el nacimiento de Jesús. El nacimiento del Mesías es anunciado a los pastores que están también en la noche, en la oscuridad: "Os anuncio una gran alegría: os ha nacido el Mesías, el Señor, el Salvador".

Pues ese Cristo, ese Señor, Mesías, que ha venido a nosotros, que redime el mundo, ven y en el Evangelio también aparece invitándonos a seguirle. La escena podemos imaginarla fácilmente: el lago de Galilea ―un lago aparentemente pequeño, tranquilo normalmente―, ahí hay unos hombres, están Pedro y su hermano Andrés repasando las redes. Y dice el Evangelio que Jesús pasó por allí y les vio y se acercó a ellos. Siempre en los encuentros con Jesús, en las vocaciones, en las llamadas, la iniciativa la toma el Señor. Son llamadas gratuitas, fruto de la gracia, es una decisión de Dios, es una decisión de Jesús. Una decisión salvadora, quiere invitarles a todos los hombres a estar con Él. Por eso el Evangelio nos cuenta que dirigiéndose a ellos les dijo: "Venid conmigo y os haré pescadores de hombres", ya no seréis pescadores de peces, seréis pescadores de hombres. Es decir, quiero que estéis conmigo, que me acompañéis, que seáis mis amigos íntimos, que seáis mis apóstoles, mis discípulos, mis colaboradores. Esa palabra de Jesús debió llegarles directo en el corazón. Es muy posible que Pedro y Andrés ya conocían algo de Jesús, lo sabemos por el Evangelio. San Juan, el Evangelista, escribe también el primer encuentro de Andrés con Jesús. Andrés es discípulo de Juan el Bautista; Jesús es bautizado en el Jordán y Andrés junto con otro discípulo ―cuyo nombre no nos dice el Evangelio―, van detrás de Jesús y le preguntan: "Maestro, ¿dónde vives?". "Venid y lo veréis". Dice el Evangelio que fueron con Él y estuvieron toda la tarde y, sin duda, que quedaron cautivados por la Palabra, por la presencia de Jesús. De tal manera que Andrés ―dice el Evangelio― fue a llamar a su hermano Pedro, le dice: "hemos encontrado al Mesías". La escena aquí, describe el Evangelio, que es en cierta medida como un complemento de aquel primer encuentro, pero va a ser ya la llamada definitiva: "Venid conmigo, os necesito a mi lado y os haré pescadores de hombres". Les llena también de emoción y de estímulo y de ánimo, el ver la respuesta de aquellos discípulos: "Inmediatamente, dejándolo todo, le siguieron".

Que hoy sintamos también esta invitación. Todos somos llamados a estar con Jesús, a vivir la intimidad con Jesús, esa relación personal con Jesús que de ahí brota todo lo demás. Benedicto XVI decía en una de sus Encíclicas "ser cristiano es encontrarse con Jesús"; no es una ideología, no es una moral, no es un sistema de adoradores, es encontrarse con Jesús y, de ese encuentro con Jesús, surge todo lo demás: una nueva vida, un nuevo modo de ser. Y toda llamada y todo seguimiento hay, podríamos decir, como unas características que se repiten. El mismo Evangelio a renglón seguido nos contará la llamada de otros dos hermanos, los hijos del Cebedeo, Santiago y Juan, también las mismas características se repiten, hay un atractivo. Cuando Jesús llama... Jesús tiene una atracción especial, es una atracción irresistible, casi podríamos decir que es como una seducción. Jesús les llena totalmente, en Él encuentran lo que desde hacía tiempo venían buscando. Cuando uno toma la decisión de estar con Jesús y de seguirle, siente que su vida se ilumina. También el Papa Francisco nos decía en su última Exhortación Apostólica, habla de la alegría del Evangelio, una alegría que llena plenamente la vida, una alegría que nos invita a ser misioneros, es decir, a comunicarla a los demás, y es una alegría que despierta en nosotros nuevas iniciativas, despierta creatividad para llevar esa alegría a otros hombres.

Y, en segundo lugar, otra característica, es que todo seguimiento supone una ruptura, hay que deshacerse de todo lo que nos ata, es una invitación a la libertad, el hombre libre es el que se deja llevar por el Espíritu, es dócil a su conciencia, no deja que le arrastren otras formas de vida. Decir sí a Jesús supone romper ataduras, esas que no nos dejan crecer y madurar como personas y que cada uno conoce perfectamente. Todos sabemos dónde están nuestras debilidades, y cuando Jesús llama tenemos que desprendernos de esas cosas que sabemos que se interponen entre Jesús y nosotros.

En tercer lugar el seguimiento supone una escucha. Es escuchar, es contemplar, es ver unos signos, es compartir la vida de Jesús, es empaparse de su Palabra, es tener sus mismos sentimientos, es ser testigo de las maravillas de Dios realizadas en Jesús. El seguimiento supone una identificación con Jesús, que se va acrecentando hasta llegar un día, como en el caso de San Pablo, de poder llegar a decir "para mí la vida es Cristo". No tengo otra vida, la vida es Cristo, Cristo lo es todo para mí. Y, finalmente, el seguimiento es participación en la misión de Jesús. Ellos, Andrés y Pedro, Santiago y Juan, serán enviados después por Jesús a anunciar el mensaje de la salvación: Id a anunciar a todos los pueblos el Evangelio, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a poner por obra todo lo que yo os he mandado.

La cercanía con Jesús, la identificación con Jesús, la alegría de estar con Jesús, siempre es una alegría que invita a la evangelización. No podemos quedarnos con los brazos cruzados, hay que invitar a este banquete, a esta fiesta, a este gozo a nuestros hermanos, a esos hombres que viven bajo las tinieblas, tenemos que sacarles y llevarles hasta donde está la Luz, la Luz de Cristo que llena plenamente nuestros corazones.

Que hoy, en este día, unidos a la Virgen María, nuestra Madre, la Mujer Eucarística, la Madre del Señor, que en este día sintamos nuevamente esta invitación de Jesús a estar con Él: el Señor está aquí y te llama. Vamos a decirle que sí, que queremos estar con Él, porque estando con Él lo tenemos todo. Amén.

[ 27-01-2014 ]

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